¡Feliz día, educadores!

Tu corazón, Maestro, late en nuestros maestros y maestras…

… que son grandes pero se hacen chiquit@s y atan cordones, limpian mocos, secan lágrimas y —aunque sepan mucho— hablan con palabras sencillas para que todos entendamos, y así aprendemos que verdaderamente grande no es el que mira desde arriba sino el que se abaja para estar a la par y al servicio del más pequeño.

… que saben que multiplicar y dividir no se oponen, y mirando con amor nuestros panes y nuestros peces, nos animan a compartirlos, abriéndonos a la inigualable experiencia de ser alimento para otros.

… que sin resignarse frente a lo que otros creen perdido, ponen barro en los ojos, tocan los oídos y se dirigen a lo que yace inerte para decirle: ”¡Levántate y anda!”. Y entonces los ciegos ven, los sordos oyen y lo muerto se pone de pie.

…que con un repertorio inacabable de canciones, cuentos y complicidades, espantan todos los demonios y nos liberan de la esclavitud de la tristeza y de la ignorancia, abriéndonos a la Vida Nueva que espera paciente en el interior de cada corazón.

… que cuando nos equivocamos feo y todos los dedos se levantan acusadores pidiendo nuestra cabeza en bandeja de plata, en lugar de aprovechar y quedar bien con la mayoría, se agachan con suavidad a escribir en la arena y, devolviéndonos la paz, nos invitan a no repetir el error.

… que cuando creemos que ya llegamos a la cima, nos inquietan con preguntas nuevas y nos obligan a bajar del Tabor de nuestra comodidad, impidiendo que acampemos en lugares seguros y conocidos porque hay mucho aún por conquistar.

… que cuando la inquietud por el futuro incierto amenaza nuestros sueños, nos hablan de lirios y aves y de un Padre que nos ama con locura, y nos crecen alas infinitas y volamos más alto de lo que jamás hubiéramos imaginado.

Sin duda, Maestro, tu corazón vive y ama en cada un@ de ell@s, que comunican la Vida con su vida, que se parten y reparten y permanecen para siempre en el interior de sus alumn@s.

María Susana Alfaro